Bases Psicológicas de la Moral (Lectura)


Fundación Universitaria Juan de Castellanos
Especialización en ética y pedagogía
Seminario Fundamentos pedagógicos de la ética
Lectura de estudio [ 1]

 
 






Bases psicológicas de la moral

José Luis Meza Rueda[1]


Génesis de la conciencia moral según Freud.  Hay que considerar el propósito que tenía Freud de sustituir la moral religiosa, edificada sobre un ilusorio sentimiento de culpabilidad (imposible de justificar racionalmente), por una moral científica, acorde con los descubrimientos psicoanáliticos. La moral religiosa es asimilada por Freud a los productos psicopatológicos; en efecto, su concepción del mal y del pecado es nociva para el conjunto de la humanidad, ya que frecuentemente prohibe conductas fuertemente deseables y placenteras. La moral religiosa postula una facultad moral innata y específica; postulado que el psicoanálisis  demuestra enteramente falso; el individuo adquiere una conciencia moral a lo largo de un proceso de identificación e internalización de las pautas socioculturales vigentes, sobre todo a través de la familia.[2]

La formación de la conciencia moral sigue un proceso paralelo al de la formación de las estancias de la personalidad: Ello, Yo y Superyo. En el principio está el Ello lo que hace al niño un ser amoral. La dinámica instintiva del ello se organiza en torno a las dos fuerzas instintivas básicas, eros y tánatos. Luego, la conciencia moral aparece bajo la forma de construcción moral, vinculada al proceso de formación del Yo y, en especial, la crisis fundamental que supone el complejo de Edipo. La función del Yo se define por su búsqueda del difícil equilibrio entre las exigencias del Ello, la realidad exterior y la presión que ejerce el Superyo.

Por lo que hace a la conciencia moral, ésta comienza gestarse a partir del planteamiento y solución del “complejo de Edipo”...  en efecto,  lo que obliga al niño a ir aceptando las constricciones de todo tipo, entre ellas las morales (lo bueno y lo malo), a través de las figuras paterna y materna, es su debilidad, su total dependencia, su absoluta necesidad de protección y amor. La aprobación (el agrado frente a lo bueno que hace) o desaprobación (el castigo frente a lo malo) de los padres marca para el niño la primera conciencia del bien y del mal.[3]

Más tarde, durante el período de latencia, durante el cual se gesta el Superyo, esta tercera instancia recogerá “introyectada” esta autoridad exterior paterna, es decir, el Superyo vigilará, dirigirá y amenazará al Yo exactamente como el padre lo hacía con su hijo. Entonces, para finalizar, la ética “científica” del psicoanálisis se basa en su Superyo maduro, cuyos signos externos más claros son el abandono de la fe religiosa, la liberación y plena autonomía de la conciencia moral y el ajuste de la personalidad.

 

Sociogénesis de la conciencia moral según Emilio Durkheim.   Durkheim aborda el tema de la génesis de la conciencia moral desde un punto de vista sociopedagógico característico ya que a él le preocupa, ante todo, el problema de la educación moral y lo plantea exclusivamente desde la moral pública. Él aplica al tema su metodología sociológica: racionalismo y objetivismo. Su enfoque, netamente estructural, señala que lo importante es descubrir los elementos esenciales  a la moralidad, es decir,  aquellos elementos invariables del sentimiento moral en cualquier época o sociedad y bajo cualquier capa religiosa o laica.

Sus postulados están en confrontación con las teorías innatista y kantiana ya que decía “si observamos la moral tal como existe, veremos que consiste en una infinidad de reglas especiales, precisas y definidas, que fijan la conducta del hombre para las diferentes situaciones que presentan con mayor frecuencia... en efecto, el derecho y la costumbre fijan nuestra conducta”.[4] Pero, es necesario decir que esta afirmación puede ser un tanto peligrosa ya que una norma social no es un promedio estadístico de comportamiento real, sino una definición cultural compartida de comportamiento deseable.

Durkheim señala que el primer elemento esencial e invariable de lo moral es el espíritu de disciplina, que engloba tanto el sentido de la regularidad como el sentido de autoridad. El espíritu de disciplina ha de entenderse como el gusto por la medida y la moderación lo que implica la conciencia de los propios límites frente a la moda actual de exaltar el sentimiento de lo ilimitado e infinito.

Además, para este sociólogo, los actos morales están dados por su impersonalidad, es decir, un acto no es moral si favorece los intereses de una persona o de algunos individuos; un acto es moral si tiene por objeto la sociedad.  Por sociedad entiende todo grupo humano, sea la familia, la patria o la humanidad. El dominio de la moral comienza donde comienza el dominio social. Su axioma fundamental de la conciencia moral es “el hombre sólo actúa moralmente cuando persigue fines superiores a los fines individuales”.

El segundo elemento fundamental de la moralidad de las acciones, aparte del espíritu de disciplina, es la adhesión a los grupos sociales. No se trata de subordinar  la personalidad humana a la sociedad, por el contrario, la sociedad representa la personalidad humana en su plenitud y el individuo. El individuo se realiza cuando se adhiere a ella. Por lo demás, es claro que el hombre es en su mayor parte producto de la sociedad, a través del lenguaje, la religión y la ciencia.

El tercer y último elemento es la autonomía de la voluntad. Para poder explicarlo Durkheim introduce una teoría del bien moral  ya que hay dos formas de lo moral: la moral del deber (en cuanto regla o mandato) y la moral como bien (basada en la deseabilidad intrínseca de lo bueno). La autonomía de la voluntad viene a significar la conciencia más clara y completa de las razones de nuestra conducta.

A Durkheim se le reconoce la  propuesta que hace en una de sus obras principales La educación moral sobre cómo educar en el niño los elementos de la moralidad. Durkheim parte de la sociedad para llegar al niño y pone en juego el principio de autoridad como algo esencial para formar el espíritu de disciplina. También, aunque rechaza el castigo físico, le da a los castigos psicosociales un valor educativo en lo moral. Se aclara que el castigo psicosocial no es para que el transgresor expíe la culpa, ni para intimidar a sus imitadores, sino para reforzar las conciencias en las cuales la violación de la regla ha podido perturbar la fe.

 

La psicología moral de Baldwin.  Baldwin sostiene la tesis fundamental de que la conciencia individual y la conciencia común son interdependientes. Lejos de la idealización durkheimiana de la sociedad, Baldwin sostiene que la conciencia colectiva no contiene más que una “generalización” de los contenidos de la conciencia individual; pero en la conciencia individual no hay nada que no resulte de una continua elaboración colectiva. El ejemplo que utilizó es de la conciencia del yo: aparentemente, nada es más propio e individual y, sin embargo, el análisis muestra que tal conciencia del yo resulta, en realidad, de la interacción social y, en especial, de los procesos imitativos.


La teoría psicológica sobre la génesis de la conciencia moral en el niño es un antecedente valioso para los estudios de Piaget y Kolhberg. Baldwin distingue tres estadios en el desarrollo de la conciencia infantil:

1º. Proyectivo: El niño carece de conciencia de sí mismo y se descubre progresivamente mediante procesos imitativos de los adultos que le rodean.
. Subjetivo: El individuo se hace consciente de su yo similar al de los demás. En este estadio el niño se hace capaz de atribuirse a sí  mismo las conductas observadas en los demás, a la vez que aprende a prestar a los otros los sentimientos e intenciones de que toma conciencia en sí mismo.
.Eyectivo: Define toda la vida individual mediante el efecto de lanzadera entre la ayección y la imitación, que asegura el equilibrio entre la conciencia del yo y el conocimiento de los demás.[5]


Piaget y Kohlberg y el desarrollo moral cognitivo.  La psicología educacional reconoce tres dominios de objetivos que buscan influir en la enseñanza: el cognitivo, el afectivo y el conductual. La llamada psicología cognitiva se concentra en los procesos mentales internos, no directamente observables, por las cuales la persona adquiere, recuerda y usa la información de su ambiente interno y externo. El desarrollo cognitivo es el proceso por el cual los individuos adquieren más complejas y adaptativas formas de pensamiento y de resolución de problemas.


Los grandes aportes de la teoría cognitiva en la educación de valores (educación moral)  contemporánea vienen de Piaget y las modificaciones posteriores de Lawrence Kohlberg. El estudiante toma un papel activo  en su propio desarrollo moral. Mediante técnicas apropiadas se le hace progresar a través de las diferentes etapas de su desarrollo moral.

Según Piaget[6] el concepto de moralidad en los niños se desarrolla en dos etapas principales las cuales coinciden en forma aproximada con la etapa preoperacional y la de operaciones concretas. La gente pasa por estas etapas morales en diferentes épocas pero la secuencia siempre es la misma.

La primera etapa, moralidad heterónoma (también llamada moralidad de represión) se  caracteriza por juicios simples y rígidos. Los niños pequeños ven todo en blanco y negro, no gris. Debido a su egocentrismo no pueden ver más de una posibilidad para tratar una cuestión moral: creen que las reglas son inalterables, que el comportamiento es bueno o malo y que cualquier ofensa, no importa que sea pequeña, merece un castigo severo.

La segunda etapa, moralidad autónoma (o moralidad de cooperación) se caracteriza por la flexibilidad moral. A medida que el niño madura e interactúa con otros niños y con adultos, piensa en forma menos egocéntrica; tiene un contacto más creciente con un amplio rango de puntos de vista, muchos de los cuales contradicen los aprendidos en casa. Los niños concluyen que no hay un estándar moral absoluto inmodificable, sino que las reglas están hechas por la gente y que la gente puede cambiarlas, incluidos ellos mismos.



ETAPAS DEL DESARROLLO MORAL SEGÚN PIAGET
Aspecto de moralidad
Moralidad heterónoma
Moralidad autónoma
Punto de vista
El niño ve un acto como totalmente correcto o totalmente errado y piensa que todos lo ven de la misma forma. Los niños no pueden colocarse en el lugar de otros.
La persona puede ponerse en el lugar de los demás. No son absolutistas en los juicios sino que ven más de un punto de vista posible.
Intencionalidad
El niño juzga los actos en términos de consecuencias físicas y reales y no por la motivación que hay detrás de ellos.
La persona juzga los actos por intenciones y no por consecuencias.
Reglas
El niño obedece las reglas porque son sagradas e inalterables.
La persona reconoce que las reglas fueron hechas por los individuos y que se pueden cambiar.

Respeto a la autoridad
El respeto unilateral lleva al sentimiento de obligación para actuar conforme a los estándares adultos y obedecer las reglas de los adultos.
El respeto mutuos por la autoridad y los compañeros permite a las personas valorar sus propias opiniones y capacidades y juzgar a otras personas en forma realista.
Castigo
El niño favorece el castigo severo. Siente que el castigo mismo define la maldad de un acto; un acto es malo si lleva al castigo.
La persona favorece el castigo leve que compensa a la víctima y ayuda al culpable a reconocer por qué un acto es errado y así conducir a que se reforme.
Concepto de justicia
El niño confunde la ley moral con la ley física y cree que cualquier accidente o infortunio que ocurre después de una acción equivocada es un castigo enviado por Dios o alguna otra fuerza sobrenatural.
La persona no confunde las desgracias naturales con el castigo.

Tabla 1. Etapas del desarrollo moral según Piaget


Kolhberg trabajó durante cerca de 20 años con 75 jóvenes que al principio de su investigación tenían entre 10 y 16 años. Su técnica de trabajo estaba centrada en historias que contenían dilemas morales. Historias de personas no conocidas en donde sus actuaciones eran vistas desde la perspectiva moral y la reflexión se suscitaba a partir de algunas preguntas claves.

El más conocido es el dilema de Heinz: Una mujer está próxima a morir de cáncer; una farmaceuta  ha descubierto una droga que los médicos creen que podría salvarla. El fabricante cobra por una pequeña dosis U$ 2.000, diez veces el costo de hacerla. Heinz, el esposo de la mujer enferma, pide dinero prestado pero sólo alcanza a reunir U$ 1.000; le ruega al fabricante  que le venda la droga a un menor precio o que le permita pagársela después; el farmaceuta se rehúsa y dice: “Yo la descubrí y voy a conseguir dinero con ella”. Heinz desesperado, entra en el almacén del hombre y roba la droga. Al final les formulaba a las personas estas preguntas: ¿Heinz tenía que hacer eso?¿Por qué sí o por qué no?

Luego Kolhberg y sus colegas pedían a los jóvenes que indicaran cómo habían llegado a sus decisiones, aunque estaban menos interesados en sus respuestas que en el razonamiento que conducía a ellas. Así, dos muchachos que dieron respuestas opuestas a un dilema podían estar en el mismo nivel moral si su razonamiento se basaba en factores similares.

Kolhberg determinó que los niveles de razonamiento están  relacionados con los niveles cognoscitivos y describió tres niveles de razonamiento moral:

²  Nivel I: moralidad preconvencional (entre 4 y 10 años). Los niños, bajo controles externos, obedecen las normas para recibir premios o evitar castigos.
²  Nivel II: moralidad convencional (entre los 10 y 13 años). Los jóvenes han internalizado los estándares de las figuras de autoridad; obedecen las reglas para agradar a otros o para mantener el orden.
²  Nivel III: moralidad postconvencional (13 años o más). La moralidad es totalmente interna; la gente reconoce ahora conflictos entre estándares morales y elige entre ellos.

Para Kolhberg hay seis etapas o estadios en desarrollo moral de una persona que están intrincadas en los tres niveles arriba expuestos; sin embargo, la mayor parte de los adultos llega sólo a la tercera o cuarta etapas. A continuación se describen brevemente las etapas de Kolhberg y las respuestas posibles para cada una en el dilema de Heinz:


LAS SEIS ETAPAS DEL RACIONAMIENTO MORAL SEGÚN KOLHBERG[7]
Niveles
Etapas de razonamiento
Respuestas típicas al dilema de Heinz

Nivel I

Moralidad preconvencional

De los 4 a los 10 años

En este nivel el énfasis está en el control externo. Los estándares son los de los demás y se cumplen para evitar el castigo u obtener compensaciones.
Etapa 1. Orientación hacia el castigo y la obediencia.
Los niños obedecen las reglas de otros para evitar el castigo. Desconocen los motivos de un acto y enfocan su forma física (como el tamaño de la mentira) o sus consecuencias (la cantidad del daño físico).


Etapa 2.Propósito instrumental e intercambio.
Los niños se ajustan a reglas ajenas a su propio interés y consideración por lo que los demás pueden hacer por ellos. Miran un acto en términos de las necesidades humanas que satisface y diferencian este valor de la forma física del acto y sus consecuencias
Pro: “Deberá robar la droga. En realidad no es malo hacerlo. Él primero ofreció pagarla. La droga que tomó sólo cuesta U$200, en realidad no tomó una droga de U$ 2.000”.
En contra: “No deberá robar la droga. Es un gran crimen. O obtuvo permiso; uso la fuerza y entró. Causó un gran daño al robar una droga muy costosa y romper el almacén también.

Pro: “Tiene todo el derecho de robar la droga porque su esposa la necesita y él quiere que ella viva. Él no quiere robar pero eso es lo que tiene que hacer para conseguir la droga y salvar a su esposa”
Contra: “No deberá robarla. El farmaceuta no está equivocado ni es malo; sólo quiere obtener una ganancia. Eso es lo que usted hace en un negocio: obtener dinero”.


Nivel II

Moralidad convencional

De los 10 a los 13 años

Los jóvenes ahora quieren complacer a otras personas. Aún observan los estándares de los demás pero los han internalizado en alguna medida. Ahora quieren que las personas cuyas opiniones les son importantes los consideren “buenos” y puedan tomar los roles de las figuras de autoridad lo bastante bien como para decidir si una acción es buena según sus estándares.
Etapa 3. Mantenimiento de relaciones mutuas y aprobación de los demás.
La regla de oro es “¿Soy un buen niño o una buena niña?”. Los niños quieren ayudar y agradar a otros, pueden juzgar las intenciones de los demás y desarrollan sus propias ideas de qué tan buena es una persona. Evalúan un acto de acuerdo con el motivo detrás de él o de la persona que lo realiza y toman en cuenta las circunstancias.



Etapa 4.Sistema y conciencia sociales.
“¿Qué pasa si todos lo hicieron?” Las personas están interesadas en cumplir sus obligaciones, demostrar respeto hacia la autoridad más alta y mantener el orden social. Consideran un acto siempre malo, por encima del motivo o las circunstancias, si viola una regla o lastima a otros.

Pro: “Deberá robar la droga. Sólo está haciendo lo que es natural que haga un buen esposo. No pueden culparlo por hacer algo por amor hacia su esposa. Deberán culparlo si no amara bastante a su esposa como para salvarla”.
Contra: “No deberá robarla. Si su esposa muere no pueden culparlo. No es porque no tenga corazón a no lo quiera bastante para hacer todo lo que legalmente pueda. El farmaceuta es el egoísta o sin corazón”



Pro: “Deberá robarla. Si no hace nada estará permitiendo que su esposa muera. Es su responsabilidad si ella fallece. Tiene que tomarla con la idea de que va a pagarla al farmaceuta”.
Contra: “Es natural que Heinz quiera salvar a su esposa, pero robar sigue siendo algo malo. Él sabe que está robando y tomando una droga valiosa del hombre que la produce”.



Nivel III

Moralidad postconvencional

De los 13 años hasta la edad adulta o nunca.

Este nivel marca el logro de la verdadera moralidad. Por primera vez la persona conoce la posibilidad de conflicto entre dos estándares socialmente aceptados y trata de decidir entre ellos. El control de la conducta ahora es interno, tanto en los estándares que se observan como en el razonamiento de los bueno y lo malo. Las etapas 5 y 6 pueden ser métodos alternativos del más alto nivel de razonamiento moral.
Etapa 5.Moralidad de contrato, de los derechos individuales y de la ley aceptada democráticamente.
La gente piensa en términos racionales, valora la voluntad de la mayoría y el bienestar de la sociedad. Por lo general, ve estos valores mejor sustentados por la adhesión a la ley. Aunque reconocen que hay ocasiones en que la necesidad humana y la ley entran en conflicto, consideran que a largo plazo es mejor para la sociedad que obedezcan la ley.


Etapa 6.Moralidad de principios éticos universales.
La gente hace lo que las personas consideran correcto, a pesar de las restricciones legales o de la opinión de los demás. Actúan de acuerdo con estándares internalizados sabiendo que se condenarán a sí mismo si no lo hacen.
Pro: “La ley no corresponde a estas circunstancias. Tomar la droga en esta situación en realidad no es correcto, pero sí justificado”.
Contra: “Usted no puede culpar a alguien por robar, pero en circunstancias extremas en realidad no se justifica tomar la ley en sus propias manos. Usted no puede tener gente robando cada vez que se sientan desesperados. El fin puede ser bueno pero no justifica los medios”.




Pro: “Esta es una situación que lo obliga a elegir entre robar y permitir que su esposa muera. En una situación en donde se debe tomar una decisión, moralmente es correcto robar. Tiene que actuar en términos del principio de preservar y respetar la vida”.
Contra: “Heinz enfrenta la decisión de considerar si las otras personas que necesitan la droga se hallan tan mal como su esposa. Heinz no debe actuar de acuerdo con sus sentimientos particulares hacia su esposa sino considerar el valor de todas las vidas involucradas”.

Tabla 2. Las seis etapas del racionamiento moral según Kolhberg


Se observa que estas definiciones de las etapas están ligadas a la sociedad estadounidense, que valoriza la responsabilidad de ser ciudadano. Esta conciencia es educada en estados Unidos no necesariamente compartida con igual ponderación en Latinoamérica y, para nuestro caso, en Colombia. El respeto, la responsabilidad y la honestidad son los valores fundamentales de la sociedad anglosajona. Cualquier adulto que no tenga desarrollados estos valores será un paria social.

En los países de habla hispana, la responsabilidad no está tan arraigada. El respeto tiene un matiz diferente y la solidaridad tiene un peso mayor. Así que es necesario considerar las características latinoamericanas a la hora de hablar del desarrollo moral en nuestro contexto.

Habermas, desarrollo moral y competencia interactiva.  JurgenHabernas ha realizado un notable intento de sintetizar diferentes planteamientos del desarrollo moral y su relación con la identidad del yo. Con tal síntesis Habermas se propone demostrar que la teoría de Kolhberg sobre las fases de la conciencia moral, al ser reformuladas en el marco de la teoría de la acción, cumple las condiciones formales de una lógica evolutiva, lo que confirma la fecundidad del punto cognitivista. No obstante, pondrá también al descubierto algunas de sus lagunas más importantes, en especial la no-consideración de los factores motivacionales.


Con respecto a la identidad del yo, Habermas[8] resume las convergencias de las teorías estudiadas en seis puntos:

1º. La capacidad lingüística y de acción del sujeto adulto es resultado de la integración de procesos de maduración y aprendizaje.

2º. El proceso de formación  que hace a los sujetos capaces para el lenguaje y la acción recorre una secuencia irreversible de estadios evolutivos discretos y cada vez más complejos.

3º. Hay una lógica dialéctica, ya que el proceso de formación no sólo es discontinuo sino también crítico: cada nuevo estadio viene precedido de una fase de desestructuración y, en parte, de regresión, del precedente.

4º. El proceso de formación sigue la línea de una autonomía creciente. Por autonomía se entiende la independencia que el yo conquista al resolver los problemas respecto a la realidad de la naturaleza exterior, la estructura simbólica de una sociedad-cultura y la naturaleza interior de las necesidades interpretadas culturalmente.

5º. La identidad del yo designa la competencia de un sujeto capaz de lenguaje y acción para satisfacer determinadas exigencias de consistencia. Es decir, es la capacidad de mantener una unidad y continuidad interiores.
6º. Un importante mecanismo de aprendizaje lo representa la conversión de estructuras exteriores en interiores. Es lo que Piaget llama el desplazamiento de los esquemas de acción de afuera hacia dentro.

Con respecto al planteamiento de Habermas se podría hablar sobre la apropiación que él hace de Mead y Parsons. Pero, podemos quedarnos con lo referido a la identidad del yo y la forma como ésta se expresa en la posibilidad de autonomía, dada por el proceso de interiorización de estructuras a través de los canales comunicativos que el individuo tiene con la cultura.

Este breve recorrido sencillamente nos lleva a caer en la cuanta de que, a la base de una propuesta educativa en valores, existe una forma de entender los valores, el ser humano que los hace suyos y la manera como crece moralmente. Esto se constituye en clave crítica de las propuestas actuales y, de otra parte, en clave constructiva para otros posibles caminos de andadura.









[1]Doctor en Teología de la Universidad Javeriana.Magíster en Docencia de la Universidad DeLa Salle, Magíster en Teología de la Universidad Javeriana, Especialista en Educación Sexual de la Fundación Universitaria Monserrate, Especialista en Desarrollo Humano y Social del Instituto Universitario Pio X de Madrid. Profesor e investigador de la Facultad de Teología de la Universidad Javeriana y de la División de Formación Avanzada de la Universidad DeLa Salle. Autor de los libros La afectividad y el proyecto de vida (1996), La afectividad y la sexualidad en la vida religiosa (2001), El discernimiento y el proyecto de vida (2002) y Educadores, ministros de la Iglesia (2005). Coautor de Pedagogía y Teología (2003). Miembro del grupo Ambiente ético (reconocido y clasificado por Colciencias). jlmeza@unisalle.edu.co
[2] Cfr. CARRACEDO, José Rubio. El hombre la ética. Anthropos. Barcelona. 1987. p.124
[3]Ibid., p. 127

[4] DURKHEIM citado por CARRACEDO. Op. Cit., p. 132
[5] A este respecto se puede profundizar  en las obras más representativas de Baldwin como Desarrollo mental en la infancia y la raza; Interpretación social y ética en el desarrollo mental; y Teoría genética de la realidad, escritos a finales del siglo pasado y comienzos de éste.

[6] PIAGET, Jean citado por PAPALIA, Diane y Sally WENDKOS. Desarrollo humano. 6ª edición. Mc Graw Hill. México.1996. p.289
[7] PAPALIA. Op. Cit. p. 291-292
[8] HABERMAS citado por CARRACEDO. Op. Cit. p. 186-189.

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